Llevo desde 2011 metido de lleno en este sector, resolviendo problemas que sobre el papel parecían imposibles: sistemas que no se hablaban entre sí, procesos manuales que sangraban horas cada semana, y proyectos tecnológicos que prometían mucho y entregaban poco. Esa exigencia es la que hoy aplico en cada proyecto de DASPIA.
Actualmente soy responsable del departamento de Inteligencia Artificial, Visión Computacional y OT en una firma de ingeniería industrial, donde diseño e implanto los sistemas que hacen funcionar fábricas reales, a gran escala y sin margen de error. Ahí, la IA no es una promesa de futuro: es la que detecta un defecto en una línea de producción en milisegundos o la que coordina maquinaria y personas sin que nadie tenga que pensarlo dos veces.
Fundé DASPIA porque esa misma tecnología —robusta, probada en entornos industriales exigentes— no tiene por qué quedarse encerrada en la gran industria. Tu farmacia, tu asesoría o tu taller merecen las mismas herramientas que una fábrica de primer nivel, adaptadas a tu tamaño y a tu presupuesto.
Ese es el compromiso detrás de cada línea de código que entregamos: nada de soluciones genéricas, solo tecnología que resuelve tu problema concreto.